La gente solo ve un grupo vestido igual, pero no sabe que cada uniforme es un capítulo distinto en la historia de nuestro coro. Es mucho más que tela; es el estado de ánimo que llevamos puesto el día del concierto.
Está el clásico todo negro con sobretodo, nuestra armadura para los conciertos serios y solemnes. Ponérnoslo es como activar un interruptor de concentración máxima. Es el uniforme con el que yo entré al coro, es muy lindo, de hecho, blame me, lo he usado fuera del coro (jaja es que es muy lindo). Es nuestro uniforme más bello.


Luego viene el blanco inmaculado, que nos transforma. De repente nos sentimos más ligeras, casi como un coro de ángeles, aunque por dentro los nervios sigan igual. Este es el uniforme de las ilusiones, el que usamos en misas o eventos de iglesia. La verdad aveces nos gusta y aveces no, porque queremos abrir el catálogo de uniformes. En este mismo está el oscuro completo, este me gusta más porque es más formal y porque se ve mucho más elegante que cualquier otra piel que usemos.
Hay otras veces en las que cantamos en las marchas o eventos públicos, aquí tenemos libertad, nuestro uniforme somos nosotros. La idea es que te vistas en lo que quieras transmitir, y si soy honesta, me gusta muchísimo esto que lo aplico en mi vida diaria.
Y finalmente, está la leva oversized, nuestro experimento moderno. La verdad es que no nos ha conquistado del todo. Entre tanta tela holgada y mangas anchas, a veces nos sentimos más como figurantes de una obra de arte abstracta que como un coro. Intentamos darle una oportunidad, pero extrañamos la sensación de estructura que nos da el vestido clásico. Pero nadie nos ha visto con este uniforme así que tal vez eres de los primeros en saber.



Pero más allá del color o el modelo, hay una ley sagrada que nunca se rompe: nunca usamos tacones. Puede que el uniforme cambie, pero la comodidad para estar de pie, respirar bien y proyectar nuestra voz es algo que nunca negociaremos. Priorizamos la voz sobre el look. Al final, cuando nos vestimos igual, sucede algo mágico: las diferencias individuales se desdibujan. Ya no soy solo Belu; soy parte de algo más grande. El uniforme nos recuerda que, aunque cada uno tiene su voz única, juntos creamos una sola armonía. Lo más importante es que estemos cómodos todo el tiempo con nuestro uniforme.