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De la sala de ensayo a la sala de espera

Soy Rafael Medina

Mi experiencia en el Coro de la PUCE radica aproximadamente dos años, en el que yo reingreso al grupo después de un largo período desde la pandemia cuando estudié Medicina. Durante ese tiempo pese a que me gusta mucho el arte, todavía me consideraba muy tímido para expresar en público mi «habilidad» para cantar o mi desenvolvimiento escénico. A mí me gustaba cantar desde pequeñito, incluso actuaba y graba videos con mis primos y lo hacía solamente para mí; pero con el coro y demas actividades artístico-culturales he aprendido a mejorar mi respiración, cuidar mi voz, proteger mi estado de salud y aumentar mi rango vocal. Todo esto fue preciso entender y aprenderlo de poco a poco posterior a que en mi audición de ingreso me direccionaron hacia la cuerda de tenores. Un rango de voz agudo en los hombres, que fácilmente podría lastimar si no aprendía a cuidarlo. La verdad es que ser tenor fue una alegría y me trajo preocupaciones a la vez, más que nada por la influencia de la música pop cómo mi género favorito.

Hay muchas cosas que podría decir que me gustan de las actividades artístico-culturales. En el coro lo que me gusta es que hay muchas personas de distintos ámbitos o carreras, que todos o su mayoria compartimos el gusto por la música, que se puede encontrar muy buenas relaciones de amistades duraderas y que posiblemente a todos nos mueve el mismo sentimiento de lucha social. Gracias del coro he aprendido muchos ejercicios de control vocal, controlar y usar mi diafragma, salvaguardar miscuerdas vocales y permitir explorar nuevos límites y capacidades. Mismos que agradezco, ya que fueron pilares que me permitieron participar del montaje escénico-coral de la ópera Carmen de Georges Bizet en la Casa de la Música en Quito, junto a grandes artistas y maestros.

Por último podría añadir que el conocimiento de mis propias límites y capacidades me han permitido mejorar mi comunicación y las relaciones interpersonales con los demás, siendo un punto clave en poder empatizar mejor con mis pacientes y promover un excelente relación médico-paciente. En el ámbito de la Medicina, al ser una carrera demandante, basada en las ciencias, en lo técnico y en lo lógico; muchas veces esa parte humana llega a perderse, pero con el coro y lo aprendido en el mismo logró rescatar es humanismo esa empatía incluso un simple gesto como una sonrisa, que me devuelve ese sentido de pertenencia en mi trato con mis pacientes.

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