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Detrás de la partitura con Juan Carlos Velasco

¿Cómo se logra que un coro polifónico suene a los Andes? Juan Carlos Velasco, director del Coro PUCE, nos revela los secretos técnicos, los retos rítmicos y la fusión de instrumentos que dan vida a la obra maestra de Mauricio Vicencio.

Llevar la Misa Andina del papel al escenario es mucho más que seguir una partitura; es un acto de traducción cultural. Para entender cómo conviven la rigurosidad de la polifonía académica con la libertad del ritmo ancestral, conversamos con Juan Carlos Velasco, director del Coro de la PUCE: ¿Cómo fue la primera vez que se le planteó que el Coro participe en el festival de Música Sacra? ¿Cómo reaccionó el coro?

P: ¿Cómo fue el primer encuentro entre el coro y los instrumentistas? ¿Costó lograr que ambos grupos se entiendan y «respiren» juntos?

R: Cuando hablamos de la Misa Andina de Mauricio Vicencio, la alegría fue extrema por la calidad de la música de esa obra, y trabajamos fuertemente para estar a la altura de la misa y cuando ya llegó el día de juntarnos con los instrumentistas nosotros estuvimos muy bien preparados que no resultó difícil conectarnos con los demás músicos, y después ya solo se trata de ensayar y llegar a acuerdos mínimos en secciones que lo necesitaban.

P: ¿Cuál es el principal desafío al dirigir un coro que debe mezclar la técnica académica con la soltura de ritmos como el sanjuanito o el danzante?

R: Si el trabajo de preparación musical en las agrupaciones corales está bien encaminado, se logra la interpretación de diferentes estilos musicales con la coherencia técnica y concepto que dichos estilos lo requieren, y en nuestro caso logramos interpretar la música académica con el rigor necesario y a la vez mantuvimos lo esencial de los ritmos populares y estilos de música andina.

P: ¿Cómo trabajó el balance sonoro para que las voces no cubran a instrumentos tan sutiles y orgánicos como la quena o el charango?

R: Tuvimos que afrontar dos momentos muy diferentes, el primero fue los ensayos sin equipo de sonido, en donde siempre el coro tuvo mas sonoridad que los instrumentos y eso resultó muy bueno para la concepción de la obra; y segundo fueron los conciertos con toda la infraestructura de sonido, en donde los instrumentos superaron por mucho el balance de volumen respecto al coro, así que ahí debimos solventar con más esfuerzo y técnica vocal el equilibrio necesario entre voces e instrumentos de la obra.

P: Al revisar la partitura, ¿en qué momentos se nota más esa conversación entre la estructura rígida de la misa y la libertad de la música andina?

R: Debo ser honesto y decir que la Misa Andina propone un diálogo natural permanente y equilibrado entre lo que son los ritmos andinos y lo académico de la composición, de hecho, la parte coral es el componente académico que se suma a la obra, y lo instrumental es una identidad musical bastante trabajada y única, que el grupo Altiplano de Chile mantiene a través de las composiciones de su director Mauricio Vicencio. Desde el concepto musical de Mauricio, la estructura de la misa no llega a ser rígida u ortodoxa, por el contrario, la estructura de la misa se enriquece con toda la dinámica musical propuesta por el compositor.

P: ¿Qué le pide a los coristas para que su interpretación suene auténtica y conectada con el estilo andino, más allá de simplemente leer las notas?

R: Estoy consciente de quienes conforman los coros que dirijo, es decir que me fijo en la procedencia, cultura general, formación, influencias culturales que nutren a cada integrante, y con ese antecedente, intento que el lenguaje musical con el que propongo el trabajo sea lo más accesible, fácil de entender y natural posible; por lo que estoy absolutamente seguro que la música andina nos atraviesa a todos los que habitamos en esta parte del planeta y que en algún punto de nuestra vida la escuchamos y la asociamos a nuestra cotidianidad de diversas formas. Entonces solo tengo que abrir el espacio para que la memoria de cada integrante traiga a escena la natural influencia de la música andina ejerce en nuestras vidas.

P: ¿Cuáles son los elementos importantes que lo ayudan/ayudaron a dirigir al coro y conectarse con el Altiplano?

R: Mi total admiración y respeto que tengo hacia el trabajo de Altiplano de Chile desde hace 42 años, es la llave para disfrutar y deleitarme de su música, y esa es la conexión necesaria para afrontar la dirección de la obra.

P: Si tuviéramos que resumir el montaje, ¿cómo es el camino desde la primera lectura del papel hasta que la obra está lista para el escenario?

R: La planificación del trabajo es la clave, se requiere del tiempo necesario para escuchar, aprender, adaptarse técnicamente e interpretar la obra, sin el tiempo necesario, nuestro coro no lograría cantar mucho y menos esta obra, así que es vital ser consciente de las posibilidades reales del coro y según eso aceptar o no los proyectos musicales que nos llegan. En el caso de la misa logramos reunir todos los elementos fundamentales para que la planificación propuesta se hiciera realidad.

P: ¿Qué parte de la Misa suele ser la más complicada de pulir en los ensayos, ya sea por la complejidad del ritmo o la afinación?

R: Definitivamente la parte técnico vocal es lo más complejo de resolver porque los integrantes del coro nos son cantantes profesionales y eso si afecta en el resultado musical que se busca, entonces no se puede interpretar la obra con la referencia de la música clásica, y por el contrario proponemos una adaptación sonora de acuerdo a las posibilidades del coro, y logramos un gran resultado que fue honesto y guardó la coherencia y respeto hacia la música de la obra.

P: ¿Qué energía distinta aporta un coro universitario como el de la PUCE al interpretar esta obra en comparación con un coro profesional?

R: Tengo dos perspectivas para esta respuesta: la primera es la percepción de los integrantes de Altiplano que en todo el proceso confiaron en el trabajo del coro y por sobre todo de la vital energía del coro, esto nos lo compartieron durante todo el proceso. y la otra perspectiva es la mía, en donde aseguro siempre que hacer música con el coro Puce es un disfrute total y permanente, la fuerza y energía que alcanzan las interpretaciones del coro son únicas, honestas y sin pretensiones ajenas al respeto y reverencia que la música del mundo requiere, es genial escuchar al coro, y eso el público lo valora mucho.

P: ¿Por qué cree que la Misa Andina de Mauricio Vicencio sigue conectando tanto con el público y los músicos después de tantos años?

R: Cuando las composiciones musicales guardan los elementos técnicos y el concepto claro de procedencia, entorno, historia e identidad, perduran en el tiempo y logran conectar con el público que escucha sin importar el lapso de tiempo que haya transcurrido desde que esas obras fueron compuestas; y para mi la Misa Andina reúne todos estos elementos, lo que la hace una obra de estudio e interpretación para los coros del mundo.